Vale, que pasarme la noche en vela estudiando derecho constitucional o lo que se tercie no es la mejor forma que se me ocurre de pasar un miércoles por la noche, pero todo, incluso esto, es mejor que escuchar canciones y descubrir olores que llevan aún tu nombre. Todo, cualquier cosa, es mejor que una décima de segundo en la que aparezcas por mi subconsciente; el mismo que me hace tararear melodías que me atormentan, el que a veces me hacen escribirte olvidando por un instante que eso lo tengo más que vetado por aquello del amor propio y del respeto a mí misma. Me diste una razón más que fuerte por la que seguir creyendo, por la que perseverar, y me la has quitado de golpe sin avisarme, sin dejarme un recambio ni una segunda opción. Me has dejado a oscuras en más de un sentido, la verdad. Lo bueno es que voy prosperando, cada día veo algún que otro progreso y eso realmente me anima. Claramente, tengo días malos, turbios, confusos y grises; más tristes que Galicia sin sus lluvias torrenciales, pero eso es parte de lo que me toca a partir de ahora. Serán meses largos, incluso años, los que tarde en asimilarlo del todo y en acostumbrarme a que ya no estás ni estarás ahí para mí, pero acabaré consiguiéndolo. Ya no se tratará de si yo soy capaz de superarlo o no porque lo haré, sino de si tú podrás perdonarte a ti mismo lo que has hecho, lo que nos has hecho. Supongo que no, o por lo menos el Jorge al que yo creí conocer no podría hacerlo. Pero eso y todo en cuanto a ti se refiere ha dejado de ser problema mío. Si tiras tu vida por la borda o si la aprovechas, si eres feliz o no, si empiezas a levantar cabeza por fin o si sigues en tu línea de ir cuesta abajo y sin frenos ya no es de mi incumbencia. Sé que debo tomarme todo esto como una lección más, aunque de las amargas, y que me hará aprender y cambiar algunas de las cosas que hasta ahora eran propias de mí. Habrá pequeños matices y errores que no volveré a cometer, eso está claro, pero no puedo prometer que no vuelva a cometer el peor de todos que sería volver a enamorarme. Aunque duele y castiga, el amor es lo más esperanzador y hermoso a lo que podemos aspirar en esta vida, y porque tú hayas sido un lastre en ese camino, no significa que no haya alguien totalmente imperfecto y dispuesto a amarme como tú no supiste por ahí fuera, chocando y tropezando, esperando encontrarme algún día.
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