"Sólo hay un infierno, y estamos viviendo en él". Puede que eso del cielo y el infierno sea sólo para controlar nuestra conducta a lo largo de nuestras vidas, para darnos las consecuencias a todas las malas acciones, advirtiendo un buen o mal final según les guste nuestro comportamiento. Pero lo cierto es que creo cada vez más que no hay ni una ni otra, sólo es nuestra forma de ver la vida quien determina su existencia. Está en nuestro subconsciente, en nuestra mano elegir creer en ello o no. Me inclino por el infierno aquí y ahora, como si eso fuese lo realmente verdadero, como si a cada uno nos quemase de una forma distinta.
Puede que a mí me queme más la piel, que me acerque más al magma de lo que debería y que esté más enferma de lo normal en un mundo desconcertante, pero sinceramente si todo lo que tengo supone locura o demencia, bienvenidas sean.
Si esto es el infierno, para mí a tu lado se ha convertido en el culmen, en el punto álgido que a mí me gusta denominar felicidad. En mi zona neutral, en el lugar donde puedo ser yo misma y hacer cualquier cosa que me proponga. El lugar donde tú y yo podemos llegar a brillar y arder incluso más que el sol. El sitio donde nadie excepto nosotros puede decidir el cuándo, el dónde, y sobre todo el cómo.
Te has convertido en el centro y fin de todo. Y puede que nos guste demasiado el exceso, el riesgo innecesario y dejarnos llevar hasta el extremo, pero no lo querría de otra forma. No nos querría de otro modo. Así que gracias, infierno, por hacer de ti y de su presencia mi pequeño paraíso terrenal.
Puede que a mí me queme más la piel, que me acerque más al magma de lo que debería y que esté más enferma de lo normal en un mundo desconcertante, pero sinceramente si todo lo que tengo supone locura o demencia, bienvenidas sean.
Si esto es el infierno, para mí a tu lado se ha convertido en el culmen, en el punto álgido que a mí me gusta denominar felicidad. En mi zona neutral, en el lugar donde puedo ser yo misma y hacer cualquier cosa que me proponga. El lugar donde tú y yo podemos llegar a brillar y arder incluso más que el sol. El sitio donde nadie excepto nosotros puede decidir el cuándo, el dónde, y sobre todo el cómo.
Te has convertido en el centro y fin de todo. Y puede que nos guste demasiado el exceso, el riesgo innecesario y dejarnos llevar hasta el extremo, pero no lo querría de otra forma. No nos querría de otro modo. Así que gracias, infierno, por hacer de ti y de su presencia mi pequeño paraíso terrenal.
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