Hacía mucho tiempo que no necesitaba escribir nada. Mucho tiempo sin la necesidad de sacar nada del pecho entre líneas. Pero realmente hoy me desbordan los sentimientos, hago aguas por todas partes.
No hay nadie que me quite las ganas ni las fuerzas mejor que tú. De verdad que hay veces que me abates tanto que me siento derrotada, como si ya no pudiera hacer más, como si ya no pudiese depender de mí. Y eso para alguien como yo se puede traducir en pánico.
No soy nada sin tener todo entre mis manos, si no sé que puedo cambiarlo, solucionarlo o simplemente dejarlo ir. Necesito que dependa de mí, no asimilo que las situaciones me dominen. Pero precisamente para eso, para no dejarme controlar la situación, estás tú.
Llegas y me lo descolocas todo. Todo se vuelve confuso, imprevisible, y esa necesidad de mover a mi antojo las fichas se desvanece.
Pero, ¿sabes lo peor? Que si eres tú quien lo hace, me da igual. Haces que todo sea fluido, que no necesite tener nada controlado, o al menos, casi nada. No me importa que me desquicies, ni que me desconciertes, ni que me saques de mis casillas, ni que incluso a veces, me hagas daño. Después de todo lo que sé y que puedo recordar, no son pocas las personas que me lo han hecho. Y cuando eso te pasa, como nos ha pasado a todos, comienzas a distinguir el dolor, y es que no todos son iguales. Todas las personas que nos cruzamos en la vida, por el simple hecho de pertenecer en ella aunque sea breve, nos harán daño. Es así, es la forma que tienen las cosas de cobrar sentido y magnitud. Eso es lo que nos hace tener claro que es real, que podemos tocarlo y sentirlo. Que estará ahí si alguna vez lo hemos dudado. Duele porque las cosas a veces tienen que doler.
Y por eso, por tener el cuerpo y el corazón lleno de cicatrices, sé que este es del que recompone y purifica. Ya me han dolido casi todas las partes del cuerpo, ya tengo magulladuras en casi todos los rincones de mi alma, y lo cierto es que eso puede hacerlo cualquiera. Cualquiera puede llegar a nuestras vidas y partirnos en dos, siempre y cuando le dejemos entrar, y siempre que sea lo suficientemente cabrón/a para lograrlo.
Y el punto de todo esto es que cualquier persona puede hacernos daño, pero prácticamente nadie puede compensarlo y hacerlo invisible con amor.
Nadie tiene más de mí de lo que tú tienes. Física, intelectual, pasional y emocionalmente. Mueves y estimulas lo mejor y peor de mí, me haces títere en tus manos, pero en el buen sentido. Y es en veces como esta, veces en las que me siento realmente exhausta y agotada, cuando simplemente por esto no puedo no tentar una vez más y volver a intentarlo.
Te quiero más de lo que nunca pensé que podría quererse a alguien, No puedo negar que a veces siento que no es suficiente con eso, y en parte es así, no llega. Pero después me agolpa todo lo demás. Vuelven recuerdos, caricias y amaneceres, y me atraviesan. Mi corazón palpita más fuerte y decide por mí porque le dejo. Porque por encima de todo lo demás, te elijo. Siempre vas a ser tú, Tú y tu sonrisa infinita. Tú y tus ojos oscuros. Tú y tu forma de tocarme y atravesarme la piel. No hay nada que no hayamos superado juntos, nada lo suficientemente fuerte como para hacer que esto se termine, ni creo que lo haya. Y es que no quiero una vida, ni una semana, ni un día sin ti. Le das sentido a todo lo que no lo tiene, haces de todo lo confuso poesía, y siempre puedo encontrarme en tus pupilas cuando me siento perdida. No es algo que suceda a todo el mundo ni demasiadas veces en la vida, y tras muchas dudas y conflictos internos, he comprendido la paciencia y dedicación que el amor exige. Que habrá cosas que me hagan sentirme así, seguramente, infinidad de veces, pero que nunca habrá nada que pueda derrumbar lo que juntos hemos construido. Nada que no merezca la pena pelear y luchar.
No hay nadie que me quite las ganas ni las fuerzas mejor que tú. De verdad que hay veces que me abates tanto que me siento derrotada, como si ya no pudiera hacer más, como si ya no pudiese depender de mí. Y eso para alguien como yo se puede traducir en pánico.
No soy nada sin tener todo entre mis manos, si no sé que puedo cambiarlo, solucionarlo o simplemente dejarlo ir. Necesito que dependa de mí, no asimilo que las situaciones me dominen. Pero precisamente para eso, para no dejarme controlar la situación, estás tú.
Llegas y me lo descolocas todo. Todo se vuelve confuso, imprevisible, y esa necesidad de mover a mi antojo las fichas se desvanece.
Pero, ¿sabes lo peor? Que si eres tú quien lo hace, me da igual. Haces que todo sea fluido, que no necesite tener nada controlado, o al menos, casi nada. No me importa que me desquicies, ni que me desconciertes, ni que me saques de mis casillas, ni que incluso a veces, me hagas daño. Después de todo lo que sé y que puedo recordar, no son pocas las personas que me lo han hecho. Y cuando eso te pasa, como nos ha pasado a todos, comienzas a distinguir el dolor, y es que no todos son iguales. Todas las personas que nos cruzamos en la vida, por el simple hecho de pertenecer en ella aunque sea breve, nos harán daño. Es así, es la forma que tienen las cosas de cobrar sentido y magnitud. Eso es lo que nos hace tener claro que es real, que podemos tocarlo y sentirlo. Que estará ahí si alguna vez lo hemos dudado. Duele porque las cosas a veces tienen que doler.
Y por eso, por tener el cuerpo y el corazón lleno de cicatrices, sé que este es del que recompone y purifica. Ya me han dolido casi todas las partes del cuerpo, ya tengo magulladuras en casi todos los rincones de mi alma, y lo cierto es que eso puede hacerlo cualquiera. Cualquiera puede llegar a nuestras vidas y partirnos en dos, siempre y cuando le dejemos entrar, y siempre que sea lo suficientemente cabrón/a para lograrlo.
Y el punto de todo esto es que cualquier persona puede hacernos daño, pero prácticamente nadie puede compensarlo y hacerlo invisible con amor.
Nadie tiene más de mí de lo que tú tienes. Física, intelectual, pasional y emocionalmente. Mueves y estimulas lo mejor y peor de mí, me haces títere en tus manos, pero en el buen sentido. Y es en veces como esta, veces en las que me siento realmente exhausta y agotada, cuando simplemente por esto no puedo no tentar una vez más y volver a intentarlo.
Te quiero más de lo que nunca pensé que podría quererse a alguien, No puedo negar que a veces siento que no es suficiente con eso, y en parte es así, no llega. Pero después me agolpa todo lo demás. Vuelven recuerdos, caricias y amaneceres, y me atraviesan. Mi corazón palpita más fuerte y decide por mí porque le dejo. Porque por encima de todo lo demás, te elijo. Siempre vas a ser tú, Tú y tu sonrisa infinita. Tú y tus ojos oscuros. Tú y tu forma de tocarme y atravesarme la piel. No hay nada que no hayamos superado juntos, nada lo suficientemente fuerte como para hacer que esto se termine, ni creo que lo haya. Y es que no quiero una vida, ni una semana, ni un día sin ti. Le das sentido a todo lo que no lo tiene, haces de todo lo confuso poesía, y siempre puedo encontrarme en tus pupilas cuando me siento perdida. No es algo que suceda a todo el mundo ni demasiadas veces en la vida, y tras muchas dudas y conflictos internos, he comprendido la paciencia y dedicación que el amor exige. Que habrá cosas que me hagan sentirme así, seguramente, infinidad de veces, pero que nunca habrá nada que pueda derrumbar lo que juntos hemos construido. Nada que no merezca la pena pelear y luchar.
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