No quiero vivir de recuerdos, ni tampoco de listas interminables de cosas que nunca haremos juntos. No quiero seguir siendo una masoca empedernida como he sido siempre. Por una vez no voy a escuchar canciones para recrearme en mi dolor, ni tampoco a buscar minuciosamente qué falló o qué dejó de funcionar. Se acabó. Ahora ambos somos vidas y rumbos diferentes, y dudo mucho que nuestros caminos vuelvan a unirse nunca más y tendré que vivir con ello me guste o no. No necesito nada de eso porque ya me duele suficiente cada día al despertarme, cada noche al acostarme, y la gran mayoría de horas que tiene un día de por medio. No necesito nada más que me recuerde cómo estoy ahora, y desde luego no voy a ser yo quien busque más tiempo de tormento. Porque no es agradable, porque es insufrible y de verdad que la forma en que me siento no se la deseo a nadie. Es demasiado fácil y cómodo sumirse en la oscuridad plena y encerrarse en uno mismo cuando te sucede, y la fuerza de voluntad que debe uno poner para no caer en eso es sobrehumana, de verdad lo digo. Por ello estoy más cansada todos los días de lo normal, por eso no puedo tener toda esa fuerza de voluntad en estudiar, porque tengo que repartirla entre eso y mantenerme entera todos los días. Para no llorar delante de todo el mundo como muchas veces me apetece, para no mostrarme tan patética por fuera como me siento por dentro, para no dejar claro que he estado a punto de romperme en todos mis pedazos, para que no se note demasiado cuántas noches me he quedado dormida después de llorar durante horas, para no tener que explicar a un montón de gente a la que no le importa qué me ocurre...por eso y por demasiadas cosas más. Aunque sin duda, la razón principal es porque me debo a mí misma intentar cada día ser un poco menos infeliz y menos triste, para no tener que sumar una cosa más al carro de hechos que no podré perdonarme nunca.
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