viernes, 17 de enero de 2014

Me espera una noche dura por delante, seguramente una de las peores. Pero acaso ¿hay algo ahora mismo en mi vida que sea fácil? Además de burra, apaleada. Ignorada por personas por las que he dado lo indecible, alejada de tantas otras a las que me gustaría tener a escasos metros, engañada por la persona a la que más quería, prescindible para gente que para mí lo es pero con un "im" delante. ¿Puede ser que una simple cosa, algo tan inestable e irracional como el amor, pintara de color de rosa todo lo que lleva funcionando mal desde hace mucho? ¿Es por eso que ahora que no está siento como todo recupera ese color gris y tedioso? Seguramente, pues todos sabemos a estas alturas ya que estar enamorado es igual a ser en parte ciego, en parte iluso. Es lógico entonces que ahora no sea precisamente la persona más vital y esperanzada de este mundo...que no es que nunca lo haya sido, pero si hay alguien carente de fe en este momento, el primer puesto será para mí. Desconfiada como si no lo fuera ya demasiado, ostinada, recelosa de cualquiera que intente conocerme, cerrada a confiar en alguien por muy amigable que parezca, negada a creerme lo que salga de la boca de casi nadie. En definitiva, he cerrado todas las puertas, he erosionado pero hacia dentro. No quiero que nadie entre, que nada interfiera en mí, y mucho menos que cualquier cosa de mi interior sea expuesta. Lo mío es mío, para bien o para mal, y el que quiera ver algo de lo que ni siquiera la luz ha tocado todavía, ya puede armarse de paciencia y valor, porque este encarcelamiento emocional tiene pinta de tirar para largo.

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