Es un caos de chica, pero es como yo. Si fuera normal o no supiera que le faltan un par de tornillos como a mí, creo que no la querría tanto. Si a veces no hablara tan rápido y si no tuviera detalles tan pequeños como cuquis, no creo que estuviéramos aquí y ahora. Si no me interrumpiera cada dos por tres y se sintiera mal a los dos segundos y me dijera "vale, venga...habla" con cara de niña buena no sería ella. Si no me llamara aunque se muera de cansancio, de sueño y a veces de hipotermia, puede que no la tuviera como a una de las primeras a las que acudir como habitualmente hago. Y es que mis días sin sus tonterías de turno y sus arrebatos ya no serían lo mismo. No concibo ya un sábado noche de vuelta a casa sin que me acompañe, ni sin una resaca compartida al día siguiente. No sé qué haría si no la tuviera para llamarme en el momento menos oportuno y a veces en el más acertado; en el que nadie más lo hace, en el que sabe que tiene que hacerlo sin decir nada. No sé qué sería de mis tardes sin una bolsa de pipas, un cigarro y una buena conversación con ella. No sé qué sería de mí si no tuviera tanto su parte neurótica como adorable conmigo. Y por suerte, sé que siempre lo está, en las buenas y en las malas. Te quiero mucho princesa.








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