Son demasiadas las cosas que tienen que volver a empezar, muchas a las que tendré que enfrentarme yo sola, otra vez. Sola de nuevo. Todo ahora es susceptible a ser cuestionado para mí. Las personas, los valores, mis principios, los miles de recuerdos que él se ha encargado de mancillar para siempre, mis sentimientos... y en parte, yo misma también. No sé qué hacer con todos esos planes de futuro en el que incluía a un nosotros que a día de hoy está más que roto y acabado. Dónde debo colocar mis pensamientos ahora que lo único que puedo pensar es el dolor indescriptible que me arranca de cuajo la respiración a momentos; en eso y en cómo me dueles...es insoportable. ¿Por qué a mí? ¿Por qué tuviste que echar por tierra una vida que hubiera sido nuestra y unos sueños que podíamos haber compartido? ¿Por qué no pudo pesar más el amor y el respeto que los instintos bajos? Me siento patética cuando pienso en todas las veces que he dicho y pensado que no serías capaz de hacerme algo así, y mira cómo estamos ahora. Aunque he estado a más kilómetros de ti que hoy, nunca hemos tenido un abismo tan grande entre nosotros. Ayer podía verte, pero notaba cómo cada uno estábamos en un hemisferio diferente. Sinceramente creo que no debería haberte visto después de decirme cómo me habías engañado, y claramente, tampoco tenía que haberte besado. Pero por esa regla de tres, tampoco debería haberme preocupado por ti, ni tenía que haberte querido, ni tampoco haberme dejado la piel cada día en hacerte un poco más feliz. Y lo hice. He desperdiciado siete estupendos años, que se dice pronto, en alguien que ha cogido todo ese cariño, esa complicidad, ese aprecio, esa confianza, y sobretodo, mi corazón en sus manos, y lo ha tirado todo por la borda, todo ese amor y ese tiempo por unos cinco minutos. Podrías haber hecho cualquier cosa, te lo hubiera perdonado todo, pero no que me engañaras. Eso no. Sabías que eso no iba a saber superarlo ni encajarlo, y no te equivocabas. No puedo ni verte ni tenerte delante...no soporto oír tu voz ni sentir tu aliento cerca del mío, ni mucho menos recordar tus manos sosteniendo mi cintura una vez más. Me repugnas, tú y todo lo que has hecho, y todo lo que no podremos vivir jamás por no habértelo pensado dos veces antes de hacerlo. ¿Dónde estaba todo ese respeto cuando no te lo pensaste antes de meterle la lengua hasta la campanilla a una tía que en el fondo le das igual? ¿Por qué siempre tienes que hacerme daño a mí, si soy la única persona que se ha preocupado por ti en tu vida? Ahora todas esas preguntas dan igual, todas desembocan en el mismo mar de respuestas. No, fin, se acabó, adiós. Después de esto dudo mucho que pueda volver a confiar en alguien de una manera tan profunda y sincera, sobre todo en un chico, pero espero que el tiempo sepa llevarse con facilidad y rapidez todo lo que tú has roto, todo lo que has tirado y todo lo que me has hecho. No quiero verte más, no quiero saber nada más de ti, ni que el lastre de tu recuerdo me impida seguir adelante. Ya no quiero una vida en la que puedas formar parte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario