domingo, 29 de diciembre de 2013

Dolor o falta de él.

A nadie le gusta sentir dolor, ni siquiera sentirse algo dañado, pero es necesario. Que de vez en cuando duelan las cicatrices, incluso que se abran por unos días, lo es. El dolor nos recuerda por qué estamos aquí y ahora, y nos hace reflexionar sobre por qué no estamos en otro lugar, en otro momento y en otras circunstancias. Cuando se sienten punzadas en el estómago o cuando el dolor en el pecho es simplemente inaguantable, significa algo, sea lo que sea, y esa es la única señal, el único aviso que nuestro cuerpo puede darnos antes de dar un paso en falso, o al contrario, dar paso a un acierto inesperado. ¿Acaso no es mejor que duela por haber amado que no haber amado jamás? ¿Acaso no es la finalidad de la vida el sentir algo, sea lo que sea, para poder ver que seguimos vivos?

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