martes, 3 de diciembre de 2013

Always by your side, dear friend.

Es curiosa la forma en que la vida da un giro totalmente inesperado. Tú, el que me sacó de un pozo desolador y de una oscuridad envolvente, me hiciste sumirme en un bucle de dolor inimaginable. Fuiste mi salvación y poco después el desencadenante de demasiadas batallas perdidas. Podría volver a los 15, incluso a los 16 años, y echarte absolutamente toda la culpa de todo lo malo que me ha pasado. Podría volver a volcar mis frustraciones contra ti y justificarme ante todo con el dolor que me has hecho padecer...pero ¿sabes? Estoy bastante por encima de eso ya. No sería propio de quien soy ahora. He evolucionado, he crecido y por primera vez siento mis cimientos firmes. Sería el camino fácil, la vía rápida, porque en realidad, fue culpa mía. Te dejé abarcar demasiado espacio en mi vida, en mi corazón y en mis prioridades. Campaste a tus anchas por un terreno hasta entonces inmaculado; dejaste un recuerdo tuyo en cada rincón para que yo no pudiera mirarme sin verte también a ti. Eso fue culpa mía. No voy a decir que me arrepiento ni que ojalá no lo hubiera hecho porque sería bastante patético, inmaduro por mi parte. Y si estoy tan segura de ello es porque he sabido apartar de todo el dolor, del resentimiento, del rencor, del odio, del despecho, del resquemor, de las cicatrices y de las heridas latentes todo lo bueno que me aportaste durante mucho tiempo y lo maravilloso que ha sido para mí tenerte en mi vida. Llegaste a tocar mi alma, a inundarla con tu aroma, a contagiarla de tu forma de ver la vida y de vivirla. Y eso, querido amigo, no puedo obviarlo. Aunque me encantaría que siguieras ahí como solías hacer, he asumido que ya no lo estás y que lo más probable es que no vuelvas a estarlo. No puedo decir que no duele, que no me importa porque lo hace, pero sé que tampoco podríamos volver a estar como hace no demasiado, hay demasiados frentes abiertos y demasiados recuerdos amargos imposibles de desechar. Por otra parte, sé que si me necesitaras no te negaría mi mano ni mi hombro, jamás. Ya no es cuestión de quién prometió más ni de cual de los dos cumplió menos...tampoco me importan ya los tira y afloja ni mi orgullo si eso sirviera de algo. Lo cierto es que ¿qué clase de persona sería yo si no respetara mis principios ni mis sentimientos? No puedo hacerlos desaparecer ni desvanecerse, siguen ahí conmigo, latiendo en mi pecho, llevando aún tu nombre, y tengo la sensación de que aunque pase el tiempo y disminuya la intensidad con cada uno de los años que pasen, permanecerán grabados a fuego en mi alma, al igual que tu recuerdo. Si hay algo que me ha enseñado todo esto es que contigo nunca es un adiós, sino un hasta pronto.





No hay comentarios:

Publicar un comentario