lunes, 26 de mayo de 2014

Cómo no, lo tengo todo a mi favor. Cómo no, es ironía. No puedo pensar en otra cosa que en que va a ser su cumpleaños en un día...en que no seré la primera en felicitarte como es costumbre desde hace años. Cada vez me gusta menos mayo, y eso que nunca me ha entusiasmado. Y es duro. Es duro desprenderse de las costumbres y más si te gustaban. Han pasado casi seis meses y todavía no he encontrado la forma de que no me torture su recuerdo cada día. No he aprendido cómo soltarlo. Y si no ha acabado conmigo, me ha dejado a ras de suelo. Y le odio. A ratos. Por no quererme bien, por no dejarme quererle, por ser un imbécil redomado, por no pillar nunca nada al vuelo...pero sobretodo por haberme hecho esto. Por dejarme sola. Por hacer que me sienta sola sin él. Porque da igual con quién esté, con quién me tome un café o quién me acompañe de camino a casa...me ha dejado sola. Me siento sola. 

Y lo peor es que aunque quiera no puedo odiarle, aunque a veces lo crea como ahora. No puedo porque hubo un tiempo en que fuimos un par de kamikazes ilusos y enamorados que daban más que asco, pero nos quisimos y mucho. Y ya nunca volveremos a hacerlo, no a plena luz al menos. Nunca más a la vista, sólo en silencio, por dentro.Y eso es lo único que realmente nunca voy a poder perdonarte.

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