miércoles, 4 de junio de 2014

De un extremo al otro.

Que alguien me explique dónde está el orgullo desmesurado del que todo el mundo se quejaba, dónde se ha quedado esa parte de mí que no retorcía el brazo ni aun teniendo que hacerlo. Dónde está esa persona que era incapaz de hablar o actuar primero que los demás por venerar ese orgullo por encima de todo lo demás. DÓNDE. Cómo y cuándo he pasado de un extremo al otro. Por qué. 
Puede que porque vi que perdía más de lo que ganaba y me negué a que algo tan simple como un 'lo siento' o un 'hola, tenías razón' me hicieran perder a las personas que me importaban. Puede que dejara de compensarme en algún momento y decidiera cambiarlo. Pero, ¿no podía ser un punto medio? ¿Tenía que ser otra vez otro puto extremo? Ese será el dilema de mi vida siempre, está claro.
De tardar semanas, incluso meses en ni siquiera replantearme el hecho de que a lo mejor no tenía razón y que me tocaba a mí reaccionar a esto. A contar las horas que se supone que te conceden algo de dignidad para ser la primera en hablar. A empezar siempre la conversación para no perder nada ni a nadie. A acostumbrar a todas esas personas a que tienen que esperar sólo un rato para que yo me disculpe, me arrastre o cosas similares. No hace mucho que todas ellas eran las que se dejaban el culo para arreglarlo y pasar página. Y estoy cansada. No digo que la otra opción fuera mejor que esta, pero desde luego ser siempre quien tiene que ceder, y que sea por miedo, no lo es tampoco.

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