Puede que sea una persona totalmente desilusionada. Con las personas, con la vida, con los caprichos de destino y también con la forma en la que las cosas cambian a peor. Pero no conmigo. Tengo fe en mí. Porque si yo no creo en que seré capaz, entonces ¿por qué los demás deberían creerlo? No necesito que me crean, no necesito que confíen en mí ni tampoco que piense que podré superarlo. Yo y mi opinión somos lo que importa. Yo y mi fe en mí misma somos lo que cuenta. Es en las situaciones complicadas, en las épocas de duelo y bajo presión donde lo mejor y lo peor de nosotros mismos sale a la luz, y supongo que en mi caso, está saliendo mi mejor versión. Puede que guste o que no, pero a mí me parece bien. Quien no quiera verlo o quienes se hayan ido por tener una idea equivocada de mí, están muy bien donde están: lejos de mí y fuera de mi vida.
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