martes, 13 de mayo de 2014

GSMB.

Hubo un tiempo en el que tu aprobación y tu cariño lo eran todo, pero todo para mí. Has sido, entre otros, una de mis mayores fuentes de dolor y por ende de inspiración durante muchos años. Han sido incontables las veces que removías todos mis sentimientos y mis emociones, y solías ser quien me quitaba el sueño por las noches. Tampoco hace tanto que lloré hasta cansarme por ti, pero sí fue la última.
Si me paro a pensarlo, ya no me sirves ni para plasmar aquí mis delirios, esos que nadie aparte de mí lee. Ya no me da pena, ya no te echo de menos, por supuesto ya no te necesito para nada, y sobretodo, tu aprobación o tu punto de vista me son totalmente indiferentes. Pero, como he dicho al principio, hubo un tiempo lejano, según se mire, en el que tu apoyo y tu forma de verme me definían.
Llegaste a marcar mis pasos realmente y perdí el culo por ti y por sacarte un tema de conversación tantas veces que me perdí por la mitad.
Me abandonaste y eso es un hecho, pero esa pérdida ya la he llorado lo suficiente como para dejarla ir, al igual que a ti. Por aquel entonces pretendía ser como tú o por lo menos parecerme en muchas cosas. Me imponías tanto respeto como admiración. Tu forma de ver la vida, tu constancia infinita, tus principios inquebrantables, tu fe perfectamente discutible sobre un ende "superior", tu soberbia incorregible. Eras todo lo que yo pretendía ser, un espejo donde mirarme. No podéis pedirme más, tenía dieciséis años y él era para mí como un hermano. Por un tiempo se portó como tal. Después, inevitablemente, salió a relucir la total gilipollez que escondía debajo de todo ese encanto presuntuoso. 
La cuestión es que puedo mirar todos aquellos años, todas las noches que me pasé llorando, todos los días que se basaban en preguntarme qué había hecho mal, en reconstruir los hechos buscando respuestas y de buscarte en cada una de las calles de esta ciudad; estoy por encima de todo ello. 
No pretendo ser tú. Pretendo ser mejor, totalmente opuesta a ti en una infinidad de sentidos y así poder sentir que por una vez todo lo que hago o todo lo que me es dado como recompensa por mi esfuerzo es solamente por mí. Por nadie más. Nunca más por ti, como siempre debió ser. 
Puede que esta sea la verdadera carta de despedida, o puede que simplemente sea el resultado de tantos años culpándome por algo en lo que ninguno de los dos tuvo la culpa o eso es lo que pienso. Sinceramente me da igual. Si hay algo que aprendí de ti, y puede que lo único útil, es que cuando una persona es un obstáculo para nuestros fines, simplemente hay que prescindir de ella. Como tú hiciste conmigo hace años y como yo hago ahora.

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