lunes, 12 de mayo de 2014

Todas las cosas que no te dije ni diré (o que no tuviste en cuenta). 27 de abril.

Me gustaba retarte con cualquier cosa porque si había algo que me atraía de ti es que eres casi tan soberbio como yo.

Te picaba la mayoría de las veces siendo consciente de lo mucho que podías llegar a enfadarte, pero no había nada comparado con ver que también tenías sangre de vez en cuando.

Me gustaba colocarte el pelo, despacio, y ver la media sonrisa que se te escapaba al hacerlo.

Tus chistes solían ser pésimos, pero me reía sólo para que pensaras que me hacían gracia y para que no te sintieras mal.

Me gustabas más dormido que despierto. Con los ojos cerrados y la respiración profunda, mirándote. Fue la mejor forma que había para conocerte mejor.

Tus inseguridades me provocaban a mí lo mismo, pero seguramente más profundas que las tuyas.

Me ponías enferma cuando tenía que explicarte las cosas más de dos veces, y realmente creo que no todas te quedaron claras.

Te quería y te quiero por encima de mí, y ese será el gran secreto que seguramente nunca te confiese.

No me importa con quién estés o lo que hagas hasta un cierto punto, pero prefiero eso a que vuelvas a engañarme otra vez si es que hay una próxima.

A veces me dabas a entender que te presionaba, cuando en el realidad te dejé tanta libertad como tú a mí. Plena y absoluta.

No te quería pegado a mi culo todo el día, pero hubo veces que ojalá lo hubieras estado porque te necesitaba, sin tener que pedirlo.

Ojalá fueras capaz de ver todos los detalles que yo veo, que veía, sin tener que arrancarte un gesto.

Ojalá que puedas volver a mí y que eso nos haga sentirnos a ambos libres. No me gusta ni un pelo que puedas estar con otra, ni con otras, pero sí espero que si eso pasa, te des cuenta de que a quien quieres tener por las mañanas despertándome es a mí y a nadie más.

Lo que más me gustaba después de reencontrarme con mis amigas al volver a casa eran tus mimos, sentir lo fuerte que me abrazabas y lo claro que eso me dejaba que no querías que me fuera nunca más.

Tus pequeños detalles, que a pesar de que eran muy de vez en cuando, en alguien como tú valían el doble.

Que me esperases cinco años para luego engañarme. Te hubiera partido el cuello, y te hubiera descuartizad lenta y dolorosamente. O algo peor. 

Que por alguna extraña razón, nuestros caminos se separan pero siempre penden de un hilo y vuelven a reencontrarse. No sé si me gusta o me preocupa, la verdad.

Que eras un egoísta y un imbécil, pero que siempre supe que harías cualquier cosa por mí, cualquier cosa para que vuelva a confiar en ti y para recuperar parte de lo que perdimos.

La mitad de ellas no las sabrás jamás, y las otras...puede que tampoco. Pero ninguna de ellas me ha hecho quererte menos, sino puede que más. Preocupante, pero cierto.



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