La vida ha vuelto a ponerme a prueba. A veces llego a pensar que no me ve lo suficientemente capaz como para enfrentarme a ella, pero no puede ser eso. He podido con todo lo que me ha echado, no ha habido ni una sola vez que me quedara con la cabeza baja, ni tampoco ha conseguido doblegarme y no todo el mundo puede decir eso. Me he equivocado casi tantas veces como he acertado en mis decisiones. Sé que me he dejado arrastraren demasiadas ocasiones, pero he puesto los pies en tierra firme al igual que dejado las cosas claras otras tantas. Puede que la respuesta sea que me ve como una contrincante a su altura, y por ello busca la manera de sumirme en la oscuridad de una noche solitaria. Esta última vez sinceramente pensé que lo conseguiría, es más, me sentía tan frágil. y acomodada en mi dolor que estuve a punto de retirarme de la competición y darle un marcador favorable mucho antes de empezar. Pero no. La antigua yo lo hubiera hecho como tantas otras veces en el pasado. Hubiera dejado que me agarraran lentamente sus garras y que me sumergieran en una realidad aleatoria, le dejaría que acabara con mi devastada autoestima y que se alimentara poco a poco de mi dolor. Ya no soy así. Ni busco el dolor por placer ni la práctica continuada del masoquismo a la vieja usanza. Sólo intento ser todo lo yo que puedo después de lo que me ha pasado, encontrar de nuevo mis orígenes, rebuscar en el fondo de mi personalidad y encontrar mis propios diamantes en bruto, explorar nuevos horizontes,rememorar mis mayores logros y todos aquellos momentos que me hicieron sentir orgullosa de mí misma una vez; busco que todos ellos me den las fuerzas y el coraje suficiente cada día para no caer en tentaciones disfrazadas de arrepentimiento. Alejarle de todas las partes de mí, de todas las posibles. No quiero borrar el pasado ni olvidarlo porque me ha hecho demasiado feliz, sinceramente no sería quien soy si él no hubiera permanecido conmigo tanto tiempo; es demasiado amor y demasiadas vivencias como para querer enterrar todo lo bueno, pero tampoco permitiré que todo lo malo arruine mi apasionado y ambicioso futuro. Sólo busco despertarme cada día sin que él sea el primer pensamiento y lo mismo sucede al acostarme. Tengo que reconocer que aún no he conseguido tal proeza, pero espero que un día no tenga que ni intentarlo y salga solo. Espero poder encontrármelo y que ningún sentimiento, ni bueno ni malo, me hagan sentir incómoda ni con ganas de ser tragada por la tierra; ansío que pueda llegar el día en que ese simple hecho sea natural y del todo indiferente para mí. Quiero volver a construir mis cimientos, destrozar todo de aquellos que se sustentan sobre él y todos estos años, y hacer que esta vez sólo se mantengan sobre mi autoconfianza. No quiero ni quererle ni odiarle, sólo saber que está ahí sin que eso me distraiga o me disguste. Todavía queda demasiado por decir y por mostrar al mundo de mí, y créeme cuando te digo que aún no me has oído rugir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario