Lo que más me duele es que lo que los demás piensan de mí, aunque sea en el fondo, también lo he pensado yo en ocasiones. Ha hecho conmigo lo que le ha dado la gana y yo se lo he permitido, es más, le he dado pista libre para volver a arrasarme de nuevo, como si a la primera no me hubiera destruido lo suficiente. Me siento abochornada...incluso un poco decepcionada. No. Muy decepcionada. Pero quién soy yo para lamentarme de lo que ya he hecho y no tiene remedio. De verdad que lo único que quiero es desintoxicarme, desinfectarme, desengancharme, desatarme de él. Todo lo que conlleve no sentirme contaminada, consumida, exhausta, desanimada o débil. Nunca pensé que sería tan difícil volver a coger las riendas de mi vida y manejarla a mi antojo, sin que nadie pudiera elegir el rumbo excepto yo. Sin embargo, él ha sido realmente quien ha guiado mis pasos, mis decisiones y mis prioridades últimamente. En cualquier decisión su opinión o cómo lo encajara tenía gran peso, incluso más que yo. Llegados a este punto supongo que nadie sobre la faz de la tierra puede sentirse más patético. Me enamoré de la supuesta persona adecuada, de la única que no dudaba que no me haría daño, no de este estilo y resultó ser lo más repugnante y odioso de este mundo para mí. Me dejé envolver y llevar por un sentimiento demasiado similar a mí: desmedido. Y aquí estoy, rindiendo cuentas de haberme dejado arrasar por un huracán violento y demasiado arremolinado, por haberle dejado entrar sin cerrar ninguna puerta. ¿Si me arrepiento? Claramente no. ¿Si me duele? Demasiado como para poder expresarlo con palabras. Pero tampoco puedo olvidar quién soy y de qué cenizas mucho peores he tenido que resurgir cual fénix. Esto no es lo peor que me han echado encima y por tanto no puedo dejarme caer todavía más. Va a ser el último "esta es la última vez, de verdad" que suelte por la boca porque así será, cueste lo que me cueste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario