Estoy cansada de esta guerra. De todas las veces que tengo que escuchar tus mismas excusas vacías, como si algo de lo que digas o hagas ahora fuese a cambiar lo que hiciste. Como si yo fuera tan estúpida como para creérmelas y hacer como quien oye llover. Que sí, que no puedo negar que te echo de menos a rabiar y que allí sigues estando en todas partes. Pero estoy cansada, esta vez de verdad. No puedo más con todo esto. Déjame en paz, déjame vivir y no me hagas perderme los que seguramente sean los mejores años de mi vida. ¿Crees que no me acuerdo? ¿Que no tengo demasiados motivos ya para detestarte? ¿Que necesito que estés todo el día recordándome por qué me siento así y por qué los días son más largos ahora? Lo único que estoy haciendo es llevar a cabo la consecución de tus actos y aceptar las repercusiones de tus errores. No me queda otra opción. Tú, tus ojos marrones, tu forma de sacarme de quicio y tu guiño de ojos ya no sois la opción. Yo misma y mi felicidad, mis metas, mis victorias...esa es la opción. Y créeme, voy a agarrarme a ella tanto como pueda, a quien sea y como sea antes que volver a sentirme mínimamente atada a ti otra vez. No quiero volver a estar contigo, no quiero ser tu amiga, no quiero nada ni contigo ni de ti. Me he elegido a mí misma por encima de ti y con eso ya he ganado.
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