Pensé que nunca dejaría de ser la típica estúpida que miraba por todos excepto por ella misma. No voy a mentir tampoco, hasta hace escasos días lo era. En el fondo creo que lo seré siempre, pero no sé por qué, hoy al despertarme, me sentía más independiente y dueña de mí misma que nunca. Por una vez, soy yo mi prioridad. Por una vez, lo mío y mi felicidad va por delante de la de los demás. Y, por una vez también, no me siento mal por ello. Es más, creo que hace mucho tiempo que no me sentía así de bien. Egoísta, prepotente, interesado, como quieras llamarlo, pero igualmente necesario. Un día te das cuenta de a todo lo que has renunciado para que otros no salieran mal parados o para no hacer sufrir a nadie; te acuerdas de cada una de las veces que alguien por quien sacrificaste algo no hizo lo mismo por ti cuando estuvo en su mano. Puede que sea algo cruel sentirme así de bien, pero ¿qué pasa con todas las veces que me sentí mal? Todas ellas me las he comido yo sola y a nadie le han importado, así que perdonadme si a mí no me importa ahora mirar por mí, y por nadie más.
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