Cada poro de mi piel se estremece cuando deslizas con suavidad las yemas de tus dedos por ella. Tus labios contra los míos es la mejor manera de tocar el cielo que conozco. Podría perderme durante horas mirando tus ojos almendrados, sacándote de quicio, matándote a cosquillas. Pero hoy no. Hoy no quiero nada de eso. Lo que realmente me apetece somos tú y yo en mi cama. Sin preocupaciones, sin repercusiones, sólo dos personas que se aman de verdad bañándose en besos hasta el amanecer. Puede que provocar momentos que se asemejen a una verdadera hecatombe, una explosión de fuegos artificiales, pero al fin del día simplemente eso; un par de incorregibles que se aman con la misma intensidad con la que se odian, y que a pesar de ello, lo primero y último que ven cada día sigue siendo a esa otra persona.

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