El amor a primera vista es algo en lo que sólo creen aquellos que lo han sentido alguna vez. Yo tampoco pensé que pudiera pasar hasta que me lo encontré de frente y me atravesó, dejándome sin pulso y sin aliento. A pesar de creer que ya conocía esa sensación, es la única vez que me he enamorado, la única de la que puedo estar segura al menos. No es fugaz ni pasajero como se suele decir. Y creedme, lo sé de buena tinta... yo aún no le he olvidado después de casi cuatro años. Sucedió en abril, mientras el frío apretaba y yo respiraba a duras penas. Cuando llega,cuando se acciona, ya no hay vuelta atrás. Notas que todo en lo que creías ya no existe, que el cielo es más azul y que la vida puede ser realmente maravillosa. No necesita tiempo ni buenos momentos para crecer...simplemente se lleva el aire de tus pulmones y cuando quieres darte cuenta, sólo lo recuperas cuando tienes delante a esa otra persona. De ese modo es como descubres que la vida, que las cosas que antes tenían sentido y que lo que tenías como cierto ya no son iguales. Es justo en el momento en el que vuelves a respirar cuando ves que todas tus suposiciones y teorías no son más que eso; es justo ahí, entre el sofoco y el alivio, cuando sientes que ya no podrás ser la misma persona. Ese amor no se va, permanece en lo más hondo de uno mismo, y a pesar de llegar de otro modo, es tan puro y real como cualquier otro.
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