Fue pura dinamita, como un volcán esperando a estar en erupción en el momento justo. No fue como las otras veces, no fue tan prescindible. Lo que sí estaba claro es que piel con piel todo parecía más sencillo, más vivo, y que ambas llevaban tiempo dando tumbos hasta encontrar a la otra, a esa otra piel que extrañaban en lo más profundo de su ser. Mientras sus manos recorrían mi cuerpo, cuerpo que ya no tenía secretos para sus manos, me sentí como siempre había querido sentirme con él, de una forma que hasta aquel momento no conocía del todo. Y, para qué negarlo, me sentí más viva y pletórica que nunca. Nos sobraban las palabras y las disculpas pues no era eso lo que queríamos el uno del otro. Lo que realmente nos movía o bien nos paralizaba era el hecho de que nos comían las ganas...eso no lo podemos negar. Yo, la que nunca sintió demasiado por él, la que sabía que siempre había sido él el que podría salir peor parado, ayer no lo tuvo tan claro. Por una vez era yo la que se sentía vulnerable entre sus brazos, la que sentía que tenía algo que perder. No sé si fueron las copas de más o el echarnos de menos, pero tanto yo como mi alma sabemos bien que no fue cualquier cosa con cualquier persona, aunque no sepa explicarlo sé que fue especial, demasiado para mi gusto incluso. Fue alguien en su momento, y que pueda ser algo más grande que antes es lo que verdaderamente me preocupa. Y cómo no, cuando las cosas van bien, en vez de ver la parte positiva y dejarme ser feliz, lo único que hago es analizar las cosas, el cómo hemos llegado hasta aquí, controlando los contras y dejando a un lado las cosas a favor. Mi mecanismo de defensa siempre alerta, por lo que pueda pasar... pero también es cierto que, a causa de ello, hay muchas personas que no conocí como debía, muchas oportunidades que no aproveché y muchos trenes que dejé escapar. Sé que no tenemos ningún futuro; lo más probable es que en dos meses más o menos yo me vaya a otra ciudad, conozca a otra gente y haga allí una nueva vida mientras él se queda aquí, dolido aún por el hecho de haberle dejado, sin poder dejarlo a un lado todavía...no es lo que yo llamaría buenas expectativas de futuro. Pero, ¿qué más da? Creo que, a riesgo de contradecirme, esta vez me da igual. No va a ser otra persona que eche de mi vida por miedo, ni otra oportunidad que desperdicie. Si no arriesgas, no pierdes nada, pero tampoco puedes averiguar qué hay esperándote en el lado de los valientes y temerarios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario