Nos encanta pensar que la persona con la que querremos estar nos dará establidad y calma, serenidad para un alma demasiado atormentada ya. Cierto es que, en parte, eso es algo que debe transmitirnos alguien a quien amamos, pero no debe convertirse en lo único que nos aporte. No hay un gran amor sin dolor y altibajos, sin retos, pruebas y más retos. Un amor de verdad no es posible que exista si no es también guerra y confrontación en algún momento. De eso se trata, de estar con quien no sólo sepa ver lo bueno de las cosas, sino que también muestro lo peor, su parte menos humana. De poder sentirse vivo y no notar que vives sin más,de no saber qué esperarte,de no poder asegurar que al día siguiente algo de lo que pase no podrás darlo por supuesto. La serenidad no va siempre de la mano del amor, ni siquiera lo define. Sí al cariño, sí a la amistad, pero no al amor. Lo importante es saber que, después de una discusión o una verdadera batalla campal, sientas que eso, a pesar de todo lo malo, es lo mejor que te ha pasado en la vida.
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