Me miro en el espejo y no me reconozco. Veo a una chica derrotada, exhausta y carente de emoción por nada. No sé dónde me he metido ni si me he convertido en la profunda tristeza que veo en el reflejo. No sé si estoy realmente como aparento o si aparento algo totalmente distinto a lo que soy. No es la primera vez ni será la última que me sienta así, pero sí que es cierto que nunca había sido tan intensa esa sensación de deriva y ansiedad que me exaspera. Me ahogo entre estas cuatro paredes y entre los recuerdos que guardan; entre un tumulto de gente, la gente arrogante y apática de siempre. Sé que todos tenemos un lugar a nuestra medida que sentimos nuestro y que nos hace sentirnos atados a él... y también sé que el mío no es este. El hecho recurrente de que mañana será otro día a mí ya no me funciona. ¿Por qué nunca nadie acaba la frase? Sí, será otro día, pero creo que de momento unas cuantas horas no cambian sensaciones que llevan demasiado tiempo incrustadas dentro. Intento serme fiel a mí misma para soportar mejor el chaparrón, intento buscar esa fortaleza interior que me ha salvado otras veces, pero ¿cómo voy a hacerlo de nuevo si no sigo siendo la misma?
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