Es curioso cómo volvemos a confiar en
alguien en quien sabemos que no podemos. ¿Qué nos empuja a hacerlo? ¿Es la
añoranza del pasado, los buenos recuerdos, el aprecio? Quién sabe. Una vez más,
aunque en algo totalmente simple, confié. Pensé que en el fondo seguías
buscando mi bien, aunque fuese colaborando un mínimo, desde la sombra, pero
estando ahí para el momento oportuno. También pensé que ya no me importaría un
desplante más, pero sí, me importa. Me duele, me entristece, me puede. Aunque
hace bastante tiempo pensé que no volvería a escribir algo sobre ti, aquí estoy,
a las 2 y pico de la madrugada sin poder dormir, sin poder dejar de pensar...Sigo
sin sacarte de mi cabeza, ni de mi corazón, ni de ninguna parte. Me guste o no,
soy como soy en parte gracias a que tú apareciste, por tanto, ser como soy me
hace tener una parte de ti conmigo. Puede que por eso, por poder sentirte algo
más cerca estando a kilómetros de ti, me guste ser como soy. Recordar los
momentos de hace un par de años me da paz, me da calma, al igual que tú me la
dabas. Sin embargo, hay días en los que es justo lo contrario, días en los que,
por desgracia, acordarme de ti sólo me
trae dolor, un puñado de lágrimas peleando por brotar de mis ojos y la apertura
más que dolorosa de una brecha que puede que nunca se haya cerrado. No sé si es
por cabezonería o por supervivencia, pero intento huir de todo lo que tenga que
ver contigo, intento que no me afectes, que no me condiciones. Lo logro, y
cuando eso ocurre me crezco y pienso que ya está, que puedo cerrar la tapa del
libro y que puedo pasar al siguiente, que puedo apartar de mi vista esa etapa
tan oscura y turbulenta y seguir adelante, pero noches como las de hoy, las
malas jugadas de mi subconsciente y lo mucho que me dueles aún me hacen
cerciorarme de que no es como desearía. Muy a mi pesar sigo siendo esa estúpida
mocosa que tanto te negaba ser, esa que se quedó perdida y sola cuando tú
decidiste que no era demasiado importante como para preocuparte por ella, esa
que sigue teniendo el alma rota en mil pedazos desde que, sin saber por qué, la
abandonaste a su suerte, sabiendo lo mucho que ella te quería, sabiendo lo que
dependía y aún depende de ti. Ya está, ya he tirado mi fachada y mi armadura;
soy totalmente vulnerable, una vez más mostrando mis debilidades, una vez más
deseando que no las veas. Esto es lo que soy aún: una chica que hace dos años,
más o menos, sin motivos aparentes y sin comprender aún por qué perdió a su
mejor amigo, a la única persona que pensó que siempre la apoyaría y que
lucharía por ella, por no perder un contacto que ahora es nulo, por alimentar y
proteger una amistad de la que ahora sólo quedan los resquicios del pasado y
los tormentos de mi interior. Una chica que no sabe si culparse a sí misma o a
ti; sólo sabe que, independientemente de quién se equivocó primero, le has puesto
en una situación desalentadora y tortuosa, demasiado para su gusto. Una chica
que se levanta cada día con mil sueños por cumplir, mil cosas por hacer, y que
al final del día de lo único que se acuerda es de las cosas que hacía contigo,
y sobre todo, de las que no llegaréis a hacer jamás. Alguien que ha dejado de
saber quién es y qué fue para ti, que ansía respuestas y que las teme al mismo
tiempo, que busca desconsoladamente a alguien que se parezca un mínimo a ti
para dejar de martirizarse por dentro e intentar reescribir un pasado que ni de
lejos será parecido. Alguien que a pesar de ello, no pierde la esperanza, no
deja que esto la eche para atrás en ningún momento, pero que como todos, es humana,
no es de piedra, y siente tanto o más que los demás y, por ello, en noches
frías y largas como la de hoy, no puede quitarse de la cabeza a ese chico que,
con poco y nada, caló en lo más hondo de su ser. El chico que le demostró lo
que es la fe en uno mismo, la confianza y lo gratificante que resulta la
recompensa tras el esfuerzo. Alguien que a pesar de sus defectos, a sus ojos era
la mejor persona que tenía en su vida.
Ese chico que fue su mayor apoyo y respaldo, su confidente, su más grata
alegría en los días malos, el mejor plan para los días corrientes, y el
responsable de que muchos de ellos fueran especiales y dignos de recordar. Ese
chico que, al contrario de como prometió, ya no está con ella. Ese chico que
hizo mella en su alma, que la hizo crecer y mejorar como persona, y el que le
enseñó que en situaciones como esta, cualquier camino es válido para salir a
flote; que el caso es salir. Supongo que debo aconsejarle a esa chica que no se
engañe, que no intente hacer como si no le importara, pero sí que se conciencie
de que a pesar de todo y de que haya días en los que no entienda nada, saldrá
adelante. Supongo también que debo dejarle claro que el hecho de que las cosas
a partir de ahora vayan mejor sólo depende de ella y de nadie más. Que con o
sin él, hay que seguir.
http://www.youtube.com/watch?v=VBmEJZofz2s
http://www.youtube.com/watch?v=VBmEJZofz2s
No hay comentarios:
Publicar un comentario