miércoles, 9 de octubre de 2013

Hacía tiempo que no me acordaba de ti, no intensamente al menos. Hace una media hora ha salido Iguana Tango en el orden aleatorio, orden que me cargaría ahora mismo por sacarte de nuevo a flote. ¿Que si esas canciones llevan tu nombre? Sí. ¿Que si he dejado que se reprodujeran una a una? También. Pensarás, pues qué chica más tonta (o más masoca, según se mire). Pues puede...sí, es muy probable que sea sumamente estúpida, pero quizá no por eso. Puede que lo haya sido cada vez que te levantaba del suelo, o cada vez que te llamaba para escuchar tus lloriqueos durante tres horas; incluso puede que cada minuto que me dediqué a quererte y a entenderte hayan sido una pérdida de tiempo. Y de qué manera. Si me preguntaras que si volvería a hacerlo, diría que sí.  Puede que por aquel entonces fuera ilusa y confiada, quizá porque era feliz y no tenía demasiados temores....ninguno salvo perderte, claro. Pero ¿acaso importa cómo ser feliz? ¿No debería bastarnos el hecho de poder serlo? Me da igual lo que pudieran pensar de mí o decir, no había nada capaz de arrebatarme aquello. Lo que yo no sabía es que sí había alguien....tú. Tú y tu indiferencia, tú y tu gelidez, tú y tu forma de sacarme de tu vida de un plumazo. ¿Que si inundé algún país llorando? No hay constancia, pero es probable. Ahora puedo mirar- aunque con ciertos tropiezos- atrás, sin preguntarme ya si tuve la asquerosa culpa que me puso fuera de órbita durante tanto tiempo. Si no fuiste capaz ni siquiera de decirme adiós de una forma decente y algo menos cobarde, es que no eras a quien yo veneraba. Y si realmente te importaba tan poco como para ni siquiera darme una explicación, me esmeraré mucho más que hasta ahora para dejarte atrás de una vez por todas.

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