No recordaba cuánto te echaba de
menos hasta que hubo silencio. Ni un murmullo, ni el clic de un boli. Y entre
aquel ensordecedor sosiego, quedaba el hueco justo para tus carcajadas. Hace
mucho tiempo que no las escucho, que no las disfruto. Recuerdo que sólo contigo
el silencio era para los deprimidos y para los fracasados, y que no había
motivo para dejarlo salir. Recuerdo los más insignificantes gestos que por ser
tuyos eran inmensos. Recuerdo las pequeñas pizcas de afecto que de vez en
cuando me regalabas, de las que hablaban por sí solas. Pero me mentiste. No era necesario, podías haber hecho
cualquier otra cosa que, seguramente, hubiera dolido menos, pero no. Tuvo que
ser eso. Es algo con lo que nunca he podido lidiar, porque si alguien es capaz
de mentirnos sabiendo la confianza que le hemos depositado, y juega con ella,
¿de qué no será capaz? Así que como cualquier chica con los pies en el suelo,
hice lo que tenía que hacer. Zanjé todo aquello. Pero a pesar de ser lo
correcto, había un susurro que intentaba contradecir a mi razón y no renegar de
esa amistad. Así que respiré, profunda y pausadamente. Cuando mi sangre empezó
a correr más despacio y mi pulso se normalizó, comprendí que si de verdad él lo
valorara como yo, no me habría mentido. Me fui, bajé cada uno de aquellos
escalones con seguridad, convenciéndome a mí misma de que no había marcha atrás
posible. Ha pasado tiempo, han pasado cosas, cosas que me hubiera gustado
contarte, y otras no tanto pero que me habrías sacado. He conseguido metas,
algunas de ellas eran sólo vagos deseos de esos que durante tiempo mantuviste
vivos; otras surgieron mucho después. He superado barreras, de esas que no ves
capaz de escalar hasta que estás al otro lado. Recuerdo aquellos “inmensos” problemas
de los que hablábamos, como si fuera a acabarse el mundo, y comprendí que parte
del mío se acabó cuando tú te fuiste. Pero a día de hoy, estoy por encima de
todo eso. No tenía otra opción. Puede
que todas estas líneas que escribo no las leas nunca, o que lo hagas pero no
remuevan absolutamente nada de ti. O… tal vez lo hagan, y tal vez sientas esa
profunda necesidad que yo estoy sintiendo mientras las escribo de correr y
buscarte hasta encontrarte, con la pequeña esperanza de saber dónde estás y de
que sepas hacia donde voy, y volver a escuchar aquellas carcajadas a coro con
las mías…. Esas que todavía no han dejado de hacer eco en mi cabeza.
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