lunes, 17 de marzo de 2014

Hace cinco años un capullo como pocos he conocido me partió en pedazos. Creí que nadie podría hacerme tanto daño hasta que llegó el siguiente y he de reconocer que de él me quedé reducida casi a cenizas.
Cualquier chica de catorce años con el corazón roto como yo lo tenía hubiera llorado a mares durante más meses de los que estaría dispuesta a reconocer. Evidentemente, yo no fui la excepción, pero aún así no fueron tantos.
Yo no me quedé como todas ellas esperando a que las cosas se arreglaran y tampoco me quitaba el sueño recuperarle y estar con él de nuevo. En resumidas cuentas invertí todo mi tiempo y mis esfuerzos en ser, con perdón a mí misma por la expresión, una perra sin corazón. ¿Que si lo conseguí? Sí. ¿Que si disfruté humillándole y viendo cómo aún a día de hoy se arrastra esperando que le perdone? También. 

Después de él llegó alguien de quien no tengo nada más que buenos recuerdos y palabras bonitas que decir, así que dejé hace mucho de lado todo lo malo que él y su entrada en mi vida trajeron.
Después llegaste tú y pensando que nadie podía ser peor, me deshiciste del todo y soplaste, haciéndome presa del viento y de sus caprichos.
Me estoy recuperando poco a poco, y cada día veo mejoras y progresos. Espero seguir así, pero sé que tal y como estoy haciendo las cosas ahora eso va a suceder en demasiado tiempo. Conozco la manera adecuada para acelerar ese proceso y dejarte a un lado de una vez por todas, pero ello implicaría volver a ser esa chica que mentía y manipulaba a cualquiera y a cualquier precio por cumplir sus expectativas.
Significaría volver a los días de "gloria", a tener todo y a todos encasillados según mis planes, embaucar y chantajear sin límites y volver a ser cruel y rencorosa en exceso. No estaba orgullosa de cómo era y precisamente por eso dejé de serlo, pero como dice el dicho, en situaciones desesperadas medidas desesperadas.
Prefiero lo que sea, a cualquiera, incluso volver a mis orígenes si así consigo que llegue el día que ni recuerde tu nombre. Diría que no me retaras pero hace mucho que tiraste esa piedra sobre mi tejado, así que tal y como tú te lo has buscado, jugaré mi papel. Lo que me pregunto es si estás realmente preparado para poder con todo lo que te viene encima. Has mordido más de lo que puedes masticar, y sólo espero que sepas dónde y con quién te has metido y que reflexiones si todo esto no te quedaré demasiado grande. Puede que no sea mi jugada más brillante, pero es práctica y me he cansado de hacer lo que se supone que debo o se espera de mí. Siempre suelo sorprender al fin y al cabo, para bien o para mal. No voy a negar que si me lo propongo puedo hacértelo pasar demasiado mal y es más, está entre mis planes devolverte aunque sea parte de todo lo que me has hecho padecer, pero prometo no hacerlo rápido ni tampoco indoloro. Tranquilo, es demasiado difícil que yo pueda hacerte ni la mitad de daño que tú a mí. Por suerte para mí eso nunca vas a saberlo. Bienvenido al infierno que tú mismo has creado y...que resista el mejor, amor.

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