Muchos creen que lo difícil es ser amable cuando lo que quieres es explotar o calmarse cuando lo que más te apetece es gritar, pero no. La buena cara, el buen humor y los modales es lo que todos enseñamos. Sobre todo al principio. En parte es lógico, cuando conoces a alguien por primera vez y te agrada, lo que buscas es esa reciprocidad, y por ello luces tu mejor parte, la parte que a simple vista, todos ven. Y aunque nadie se salva de tener esos días en los que nos cuesta no enseñar nuestro lado "oscuro", siempre sabemos cómo esconderlo cuando nos conviene. Y ahí viene lo importante del asunto, y creo que todos estaréis de acuerdo conmigo cuando digo que lo peor de nosotros, lo más desolado e intransigente de nuestra persona sólo lo mostramos ante aquellos que sabemos que a pesar de todo y de lo desagradable que pueda ser, seguirán ahí al día siguiente. A los que no se escandalizarán ni se sentirán ofendidos por pagar los malos días con ellos. Esos que entienden, al igual que deberíamos entender todos, que la peor parte al igual que la mejor sólo unos pocos pueden verla.
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