jueves, 4 de abril de 2013

3 years ago.

Por mucho que me pese - que me pesa - , aún me acuerdo. No hay nada que no recuerde, no se me escapa ningún detalle, estoy segura. Da igual que hayan pasado 3 años ya, para mí es como si fuera ayer. Un 4 de abril, una noche fría como pocas, un desconocido que al final de aquella noche dejaría de ser una persona más para ser la persona. La persona con quien yo quería pasar si no el resto de mi vida, gran parte de ella. Por quien hubiera hecho cualquier cosa, y en quien deposité no sólo mis esperanzas si no mis sueños; todo. No sé cómo conseguiste entrar en lo más hondo, tanto que aún sigues grabado hasta en el tuétano de mis huesos. Las cosas, para variar, no fueron como yo esperaba. Salió mal como tendría que haberme imaginado, y supuse que como no era la primera vez sería más rápido, menos doloroso. Fue lo peor...lo peor en años. Sentirme vacía sólo fue el principio de mi casi autodestrucción. Me costó bastantes años y lágrimas entender que cualquier cosa que viniera de ti no era buena para mí. En realidad tú no eras para mí, no estabas preparado para lo que yo necesitaba. Cuando te diste cuenta fue demasiado tarde. Ya había aguantado demasiadas cosas, sufrido demasiados desplantes, perdonado lo imperdonable. Ese fue el problema, que nunca me puse un límite contigo. Me entregué en cuerpo y alma, sin tapujos ni escondites...absolutamente vulnerable y transparente. Dejé que formaras parte de mí con demasiada rapidez y facilidad hasta que llegó el punto en el que ser yo suponía tenerte en mi vida. Dejé de quererme, renuncié a ese amor propio que hasta aquel momento sólo me había pertenecido a mí y lo abandoné para dártelo; todo lo que podía quererte me parecía insuficiente, así que supongo que en aquel momento no me preocupó, no pensé en las repercusiones. Te quise por encima de todo; por encima de mí. De ahí vinieron las noches en vela, las lágrimas ácidas, los desvelos, los cambios bruscos de humor, los altibajos constantes, las faltas de respeto hacia mi persona, las oportunidades perdidas,y por supuesto el amor propio más que pisoteado. Eso supuso perderme y no tener de quién o de qué tirar. Fue mi elección, y supongo que debí haberme dado cuenta antes. Salí, mal y tarde, pero por fin cerré aquel agujero negro en el que me había sumido durante tanto tiempo, y volví a quererme, a respetarme,y lo más importante: supe perdonarme y estar en paz, cosa que hacia demasiado tiempo que no tenía. Sólo en ese momento supe que quererme a mí significaba no quererte; comprendí que empezar de nuevo era básicamente dejarte a un lado, o mejor, dejarte atrás. Lo he conseguido, y por ello me enorgullezco de veras. He rehecho mi vida y recompuesto lo que merecía la pena mantener, y lo he hecho sin ti. Pero aún así, 3 años después, te recuerdo. A pesar de todo, te quise. No puedo negar que también lo hago ahora ni que lo haré hasta mis restos, seguramente sí, pero ya no es aquel sentimiento enfermizo y envolvente que me dejó a oscuras. Ya no hay nudos en la garganta, ni aquella asfixia que no me dejaba respirar, ni mucho menos la insana dependencia. Es simplemente un sentimiento que ha cambiado, que se ha transformado en un aprecio especial e imperecedero, pero aprecio ya no es amor. En cualquier caso, ya no hay cabida para un nosotros en nuestra historia ni un camino que podamos tener en común. No voy a negar que no te conozco ni que no sé quién has sido, pero tampoco puedes esperar que a estas alturas te tenga en consideración, y mucho menos que mueva un dedo por ti. Tú tiraste la toalla, y yo tuve que buscarme por mí sola. Ya no hay aquel rencor profundo, pero tampoco queda casi nada de aquel amor sincero y puro.  Te quiero, es así, por poco que me guste la idea, pero esta vez, si tengo que elegir, sabré elegirme a mí, porque si hay algo que me has enseñado es que yo estoy antes, y es así, aunque te quiera, me quiero mucho más a mí.

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