No sé cuántas veces la he escuchado, pero si no recuerdo mal, la mitad de ellas han acabado en un mar de lágrimas. Así era exactamente como me sentía. Sola, incompleta, vacía...sin aire. Asfixia era lo que me rodeaba, lo que tú y tus tejemanejes me provocábais. Era casi imposible respirar sin problemas, era iluso pensar en un día sin nudos en la garganta.
Pero llegaron. Respiré, abrí por completo mis fosas nasales y me sentí viva como hacía tiempo que no me sentía. Te habías llevado contigo mis ganas de vivir, mis ilusiones, y dejaste en mi lugar a alguien frío y desolado, desesperanzado y perdido. Respiré profundo, y cuando ese aire entró e inundó mis pulmones, todo cambió. No sólo cómo me sentía; también empecé a ver las cosas de otro modo, a valorar aún más los detalles, pero sobre todo aprendí a quererme a mí misma primero, a no dejar que nadie llegara de nuevo hasta donde, antes de ti, no había llegado nadie.
Pero llegaron. Respiré, abrí por completo mis fosas nasales y me sentí viva como hacía tiempo que no me sentía. Te habías llevado contigo mis ganas de vivir, mis ilusiones, y dejaste en mi lugar a alguien frío y desolado, desesperanzado y perdido. Respiré profundo, y cuando ese aire entró e inundó mis pulmones, todo cambió. No sólo cómo me sentía; también empecé a ver las cosas de otro modo, a valorar aún más los detalles, pero sobre todo aprendí a quererme a mí misma primero, a no dejar que nadie llegara de nuevo hasta donde, antes de ti, no había llegado nadie.
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