domingo, 23 de noviembre de 2014

Al pasado le encanta jugarnos malas pasadas. Recordarnos que aunque ahora estamos cuerdos, no hace tanto que estuvimos locos y perdidos. Sumisos, grises, taciturnos. Supongo que esos meses, que esas lágrimas, que todas esas parejas a las que hubiera degollado, que todas esas noches, que todos esos días yéndome para llorar a solas se me calaron demasiado hondo. Y lo recuerdo, y más ahora, cuando no queda tanto para que haga un año de lo que seguramente ha sido el peor calvario que de momento he tenido que vivir. Para nada guardo rencor, pero no puedo olvidarme de aquella alma en pena que por unos meses fui. No puedo reprochar nada porque realmente lo he perdonado, hace mucho tiempo, y sé que solo él podría haberme sacado de aquel pozo sin fondo. 
Pero fue triste y doloroso, y para un alma masoquista como la mía, es inevitable no rememorarlo.

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