Con casi veinte años, una ya se va conociendo bien. Y por eso sé que hay algo que no va bien, aunque no sepa qué es. Leer todas y cada una de mis penurias, no tan lejanas, todas las veces que necesité escribir para quitarme esa soga del cuello por quince minutos al día...en fin, puede que no haya sido buena idea. ¿Lo que me pasa es eso? ¿Por eso siento que aunque lo he superado aún queda algún cable suelto? No lo sé. Quién sabe. Lo que no puedo negarme a mí misma es que a medida que se acerca ese día, esos meses, no puedo evitar recordar de forma más y más fuerte a aquella persona muerta en vida que por desgracia fui.
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